
jueves, 22 de abril de 2010
programa de la materia
PROGRAMA
"Cuidados de la salud centrados en la comunidad y la familia"
Objetivos:
El objetivo general de la materia es acercar las herramientas necesarias para comprender las diferentes etapas y problemáticas que afectan al sujeto humano , a su familia y a la comunidad desde una perspectiva que incluya las determinaciones psiquicas , tomando todas las dimensiones que atraviesan a los sujetos.
Asimismo se pretende
Poder abordar cada etapa y situación del ciclo vital teniendo una perspectiva de los aspectos psicológicos que atraviesan el embarazo, el parto, el puerperio, el primer año de vida, la adolescencia etc como momentos claves en la vida.
Que puedan incorporarse las determinaciones psicológicas, sociales y culturales que afectan tanto al niño como la madre el padre o la familia, ya sea en su constitución, desarrollo y maduración
Promover la salud en el embarazo, parto y puerperio
Prevención de posibles dificultades en la constitución del psiquismo infantil
Advertir y encauzar dificultades en el vinculo madre niño
Prevenir y detectar problemáticas frecuentes de la adolescencia, el adulto y el adulto mayor
Contenidos:
Unidad 1
Presentación del marco teórico y de los conceptos fundamentales del psicoanálisis para tener herramientas básicas para pensar el sujeto mas allá de su constitución anatomo-fisiológica
Desarrollo del psicoanálisis. Concepciones y mitos sobre la histeria : tomada como enfermedad del útero, pasando por la simulación.
Las concepciones de Freud sobre la histeria que le otorgan una lógica y mecanismo psíquico
Unidad 2
El cuerpo en psicoanálisis no es solo el organismo
Como se constituye el cuerpo por la palabra
La importancia del vinculo con el Otro primordial y los primeros cuidados. Nutrición de palabras
El sujeto atravesado por el lenguaje
Del cachorro humano al sujeto. Prematuracion. Marasmo. Niños lobo.
Unidad 3
La oposición del instinto a la pulsión en el hombre
La experiencia de satisfacción difiere de la satisfacción de la necesidad
La especificidad de la sexualidad en el niño y en el hombre
Unidad 4
El embarazo, el parto y el puerperio, aspectos psico_emocionales.
Vinculo madre niño, dificultades en la constitución del vinculo. Madre-Mujer. La funcion del padre
Los miedos en el embarazo, depresión post parto, etc.
El niño y la madre. Ruptura del mito de la unidad. Siempre esta el A.
Unidad 5
Los cuidados del Otro primordial
Función Materna
Lactancia: Mitos Dificultades. Rechazo del alimento etc
La función del padre
Dificultades y avatares de la constitución del sujeto
Unidad 6
Los primeros años de vida
Importancia de la constitución del psiquismo en estos años
La función materna y paterna. Despegar la función de la persona que lo encarna
Constitución del yo
Narcisismo
Estadio del espejo.
Enfermedades a repetición en la infancia
El cuerpo y el desarrollo sexual
Unidad 7
Adolescencia. Principales problemáticas de esta etapa
La sexualidad en la adolescencia. identificación
Trastornos de alimentación en adolescencia
Unidad 8
El adulto y el adulto mayorConceptos básicos para el diagnostico diferencial
Violencia familiar
Modalidad de trabajo:
Exposiciones teóricas de los conceptos fundamentales
Aprehensión de los mismos mediante materiales didácticos diversos: videos, representaciones, documentales
Aspecto practico: presentación de casos clínicos, dificultades con las que nos encontramos y debates de las posibles soluciones u obstáculos
Promoción de la asignatura: 80% de asistencia. Acreditación con examen final o acreditación sin examen final
Bibliografía obligatoria:
“ Estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas” S.Freud
“La interpretación de los sueños” Cap VII,La experiencia de satisfacción. S Freud.
Referente clínico:
Caso Ana O
“Introducción del narcisismo”, S Freud
“El estadio del espejo como formador de la función del yo tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica” J Lacan
“Sobre el psicoanálisis silvestre” S Freud
Experimento de Federico II
Seminario familia y transmisión de la EFA
Clínica de los fracasos del fantasma. Silvia Amigo
Francoise Dolto: Compilación de textos
Bibliografía de consulta:
“Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico” S. Freud 1914
Seminario II,” Psicología y meta psicología” J.Lacan
“Freud y Lacan“. L. Althusser
“Que es lo real? “Gerard Pommier
Francoise Dolto
"Cuidados de la salud centrados en la comunidad y la familia"
Objetivos:
El objetivo general de la materia es acercar las herramientas necesarias para comprender las diferentes etapas y problemáticas que afectan al sujeto humano , a su familia y a la comunidad desde una perspectiva que incluya las determinaciones psiquicas , tomando todas las dimensiones que atraviesan a los sujetos.
Asimismo se pretende
Poder abordar cada etapa y situación del ciclo vital teniendo una perspectiva de los aspectos psicológicos que atraviesan el embarazo, el parto, el puerperio, el primer año de vida, la adolescencia etc como momentos claves en la vida.
Que puedan incorporarse las determinaciones psicológicas, sociales y culturales que afectan tanto al niño como la madre el padre o la familia, ya sea en su constitución, desarrollo y maduración
Promover la salud en el embarazo, parto y puerperio
Prevención de posibles dificultades en la constitución del psiquismo infantil
Advertir y encauzar dificultades en el vinculo madre niño
Prevenir y detectar problemáticas frecuentes de la adolescencia, el adulto y el adulto mayor
Contenidos:
Unidad 1
Presentación del marco teórico y de los conceptos fundamentales del psicoanálisis para tener herramientas básicas para pensar el sujeto mas allá de su constitución anatomo-fisiológica
Desarrollo del psicoanálisis. Concepciones y mitos sobre la histeria : tomada como enfermedad del útero, pasando por la simulación.
Las concepciones de Freud sobre la histeria que le otorgan una lógica y mecanismo psíquico
Unidad 2
El cuerpo en psicoanálisis no es solo el organismo
Como se constituye el cuerpo por la palabra
La importancia del vinculo con el Otro primordial y los primeros cuidados. Nutrición de palabras
El sujeto atravesado por el lenguaje
Del cachorro humano al sujeto. Prematuracion. Marasmo. Niños lobo.
Unidad 3
La oposición del instinto a la pulsión en el hombre
La experiencia de satisfacción difiere de la satisfacción de la necesidad
La especificidad de la sexualidad en el niño y en el hombre
Unidad 4
El embarazo, el parto y el puerperio, aspectos psico_emocionales.
Vinculo madre niño, dificultades en la constitución del vinculo. Madre-Mujer. La funcion del padre
Los miedos en el embarazo, depresión post parto, etc.
El niño y la madre. Ruptura del mito de la unidad. Siempre esta el A.
Unidad 5
Los cuidados del Otro primordial
Función Materna
Lactancia: Mitos Dificultades. Rechazo del alimento etc
La función del padre
Dificultades y avatares de la constitución del sujeto
Unidad 6
Los primeros años de vida
Importancia de la constitución del psiquismo en estos años
La función materna y paterna. Despegar la función de la persona que lo encarna
Constitución del yo
Narcisismo
Estadio del espejo.
Enfermedades a repetición en la infancia
El cuerpo y el desarrollo sexual
Unidad 7
Adolescencia. Principales problemáticas de esta etapa
La sexualidad en la adolescencia. identificación
Trastornos de alimentación en adolescencia
Unidad 8
El adulto y el adulto mayorConceptos básicos para el diagnostico diferencial
Violencia familiar
Modalidad de trabajo:
Exposiciones teóricas de los conceptos fundamentales
Aprehensión de los mismos mediante materiales didácticos diversos: videos, representaciones, documentales
Aspecto practico: presentación de casos clínicos, dificultades con las que nos encontramos y debates de las posibles soluciones u obstáculos
Promoción de la asignatura: 80% de asistencia. Acreditación con examen final o acreditación sin examen final
Bibliografía obligatoria:
“ Estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas” S.Freud
“La interpretación de los sueños” Cap VII,La experiencia de satisfacción. S Freud.
Referente clínico:
Caso Ana O
“Introducción del narcisismo”, S Freud
“El estadio del espejo como formador de la función del yo tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica” J Lacan
“Sobre el psicoanálisis silvestre” S Freud
Experimento de Federico II
Seminario familia y transmisión de la EFA
Clínica de los fracasos del fantasma. Silvia Amigo
Francoise Dolto: Compilación de textos
Bibliografía de consulta:
“Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico” S. Freud 1914
Seminario II,” Psicología y meta psicología” J.Lacan
“Freud y Lacan“. L. Althusser
“Que es lo real? “Gerard Pommier
Francoise Dolto
resumen clase 1
RESUMEN CLASE 1
Como surge el psicoanálisis en el campo de las ciencias del hombre y que ruptura implica con la filosofía aristotélica, la tradición filosófica moderna, la psicología, la moral y la medicina
RUPTURAS DEL PSICOANALISIS
con la psicología
psicología experimental
esquema de E ---) R .
Porque entre estimulo y respuesta estan los procesos inconcientes singulares de cada sujeto
con idea de hombre como unidad y conciente de si .
A esto le opone cc .icc. Precc: Un aparato dividido en instancias
no es un nuevo centro el inconciente. Es el sujeto dividido
.
con filosofía
tradición aristotélica
opone el ser al nombrar: no es lo mismo decir es un preso que esta preso, o es prematuro que nació prematuro
biología
rompe con la idea de instinto en el hombre. El hombre es un sujeto y un cuerpo atravesado por el lenguaje.
medicina
Inclusión de la histeria en un mecanismo psíquico. "sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos" S Freud
(Antes la histeria era considerada como problema fisiológico o como mentirosa)
NOCIONES DEL SENTIDO COMUN, DE LA MEDICINA , LA BIOLOGIA Y LA FILOSOFIA y QUE CONCEPTOS LE OPONE EL PSICOANALISIS
CUERPO BIOLOGICO CUERPO EFECTO DEL LENGUAJE. REPRESENTACIONES
SEXUALIDAD NATURAL SEXUALIDAD INFANTIL
NATURALEZA CULTURA....LENGUAJE
INSTINTO : saber previo, objeto determinado PULSION: no hay saber previo, obj variable
NECESIDADES VITALES NECESIDAD DEL OTRO
RELACION NIÑO MADRE NATURAL UNIDAD NO NATURAL
Historia de la histeria
El verdadero vuelco en relación a pensar la histeria ya no como una enfermedad del utero, una enfermedad fisiológica sino psiquica lo empieza a dar Charcot y lo culmina S. Freud.
A partir de esto se abre la posibilidad de pensar un psiquismo que afecta al cuerpo:
“Por fin aparece en escena Jean-Martin Charcot (1825-1893), el último eslabón de la cadena en esta larga historia de la histeria. La otra instancia decisiva comenzará con Sigmund Freud (1856-1939). Charcot se destacaba en el área de la neurología y tenía estatura de sabio.
Pero un acontecimiento absolutamente casual e imprevisible, cambia la historia. Un cambio en la estructura del hospital La Salpˆetrière obligó a remodelar la distribución de los enfermos y así fue como cayó bajo la autoridad de Charcot una población femenina disparatada, donde se mezclaban las epilépticas y las histéricas.
Así las cosas, se encontró desplazado de su lugar de neurólogo célebre, pero esto no alteró su incesante curiosidad. Enseguida advirtió las diferencias entre epilépticas e histéricas. Creó una nueva entidad: la histero-epilepsia o histeria epileptiforme. De todos modos, esto pronto se dejó de lado. Hablaba de histeria mayor, con grandes paroxismos e histeria menor, con formas atenuadas. Da pasos agigantados. Por ejemplo: afirmaba que el útero no tenía nada que ver con la enfermedad, lo que hacía que hombres y mujeres se vieran afectados por igual. La enfermedad histérica se traduce en crisis periódicas y en estigmas permanentes; tiene zonas erógenas (ovarios, glándulas mamarias, parte alta del cráneo) que se vuelven dolorosas en los momentos de crisis. Todo lo registraba y organizaba. Hay una frase de Charcot que es clave: “He estudiado la histeria de las histéricas como se estudia el reumatismo de los reumáticos”. De todos modos, tenía precaución de no olvidar la delgada línea que separaba a la histeria de la simulación. Como Carter, consideraba esenciales el aislamiento del enfermo y su alejamiento del medio patógeno. Su terapéutica seguía siendo sintomática.
Por último, las incorporaba al hospital y las arrancaba del nomadismo que había hecho de ellas brujas o locas incurables.
Pero Charcot sólo confiaba en la ciencia y si era necesario, contradecía a Hipócrates para ello. Por eso, más allá de sus sistematizaciones, solía tener la intuición de que había algo diferente, que había traumatizado al enfermo en el pasado y que a pesar del tiempo transcurrido, lo perturbaba en el presente. De hecho, se había visto sorprendido por el éxito terapéutico de una cura despojada de todo tratamiento médico. Se trataba de una mujer con el brazo derecho paralizado. El examen neurológico no había arrojado nada.
La minuciosa investigación reveló que había surgido un recuerdo reprimido de un cachetazo dado a su hijo. Charcot la guió en sus recuerdos, hasta hacerla hablar de la bofetada original. De este recuerdo hizo el origen del algo de la parálisis actual. La enferma reflexionó sobre sus recuerdos y la parálisis desapareció. La experiencia era clara, pero el sabio francés temía dirigirse a esas zonas imprecisas entre el cuerpo y el espíritu, se sentía traicionando su vocación de sabio. Era un callejón sin salida: imposible trabajar sin una base orgánica, pero también era imposible encontrar esa base orgánica. ¿Qué era una enfermedad sin materia? Estudió el libro de James Braid y tuvo la intuición de que las personas sensibles al hipnotismo eran histéricas. Entre la curación de una parálisis histérica por una interpretación –analítica, ante todo– y esta intuición, Charcot avanzaba claramente por el camino de la decodificación de la histeria.
La Salpˆetrière, lugar sagrado del estudio científico, se convirtió en sede de espectáculos locos; : la misma causa, los mismos efectos. Charcot aplicaba la hipnosis para poner a sus enfermas en estado de sonambulismo y reproducir los síntomas histéricos en forma experimental. El trance hipnótico era en sí mismo un síntoma histérico: ya no hay fluido sospechoso, sino el razonamiento lógico y riguroso. En 1878 Charcot informó a la Academia de Medicina que la hipnosis era una técnica terapéutica utilizada en La Salpˆetrière. A partir de 1880, las enfermas en estado de hipnosis eran presentadas en público los días viernes.
Hay un cuadro de André Bouillet, llamado La lección de Charcot (1887), donde se ve a un asistente con una enferma hipnotizada en sus brazos.
Admitir una etiología sexual le creó a Charcot un malestar que llegó hasta la angustia. Este poder le obstaculizó el camino en el que Freud tuvo el valor de comprometerse. No tuvo la grandeza de pasarle la posta a quien se lo pedía, incluso acompañarlo un momento en esta persecución de la esfinge, como él llamaba a la histeria. Freud quiso con entusiasmo exponer a Charcot hasta donde había llegado con Josef Breuer (1842-1925) en sus investigaciones sobre la histeria. Quería ser el lazo de unión entre ambos, pero fue imposible.
Entre Charcot y Freud se ubicó Pierre Janet (1859-1947), psiquiatra francés, autor de Estado mental de la histeria (1893). Janet sostenía que “la histeria es una enfermedad general que modifica al organismo entero”.
Lejos del organicismo de Charcot, este psiquiatra insistía especialmente en la interacción entre lo psicológico y lo fisiológico. En cuanto al problema sexual relativo a las histéricas, consideraba que estas enfermas, cuyo capital afectivo se empobrecía, tenían tendencia a resguardarse en la frigidez.
Por ultimo, pensamos que
la mejor manera de hacer una introducción al psicoanálisis es recordar que el creador del mismo es Sigmund Freud, y que el psicoanálisis tiene que ver con los avatares de su propia vida, con su deseo, con la manera en que va descubriendo cuestiones en la práctica clínica y teorizando a partir de allí.
En sus presentaciones de los martes, Charcot (psiquiatra francés) mostró que mediante la hipnosis se podía producir síntomas semejantes a los de la histeria. En 1885, durante su beca en Francia, Freud pudo presenciar tales experiencias en La Salpetriere: y también la producción de parálisis experimentales. Los pacientes tenían experiencias de las que no guardaban conciencia. Su estancia en París, puso a Freud en contacto con estas nuevas ideas: que en la relación con el hipnotizador, el paciente podía producir y suprimir síntomas, la idea de la existencia de dos niveles del psiquismo, la idea de que la histeria tenía que ver con cosas sexuales.
En una conferencia de 1886 en la que debe informar ante la sociedad médica de Berlín sobre su viaje a Francia, Freud muestra cómo la histeria es también una enfermedad de hombres, y todavía de mayor interés para nosotros, que un trauma psíquico puede estar en el origen del síntoma histérico, que la histeria depende de acontecimientos encerrados en el pasado. Esta idea molesto bastante a los maestros de Freud y a la sociedad de entonces.
Citas de Althusser
“En la historia de la Razón Occidental (…) lo prenatal es institucional. Cuando nace una joven ciencia, el círculo de la familia siempre está ya listo para el asombro, el regocijo y el bautizo. Desde hace mucho tiempo se pretende que todo niño (…) es hijo de un padre. (…) Durante el siglo XIX, nacieron 2 o 3 niños a los que no se esperaba: Marx, Nietzsche, Freud (…)La Razón Occidental le hace pagar caro a un hijo sin padre. Marx, Nietzsche, Freud tuvieron que pagar la cuenta, a veces atroz, de la supervivencia: precio contabilizado en exclusiones, condenas, injurias, miserias, hambre y muertes, o locura”.
“Consideremos simplemente la soledad de Freud en su época. No hablo de la soledad humana (tuvo maestros y amigos, aunque conoció la pobreza), hablo de su soledad teórica. Pues cuando quiso pensar, es decir expresar en forma de un sistema riguroso de conceptos abstractos el extraordinario descubrimiento que hacía cada día en sus sesiones de trabajo, encontró pocos padres en teoría. Tuvo que disponer y padecer la siguiente situación teórica: ser para sí mismo su propio padre, construir con sus manos de artesano el espacio teórico en donde situar su descubrimiento, tejer con hilos prestados, tomados de cualquier lado, de cualquier forma, la gran red de nudos en la cual capturar, en las profundidades de la experiencia ciega, al redundante pez del inconsciente, al que los hombres llaman mudo, porque habla cuando ellos duermen
Como surge el psicoanálisis en el campo de las ciencias del hombre y que ruptura implica con la filosofía aristotélica, la tradición filosófica moderna, la psicología, la moral y la medicina
RUPTURAS DEL PSICOANALISIS
con la psicología
psicología experimental
esquema de E ---) R .
Porque entre estimulo y respuesta estan los procesos inconcientes singulares de cada sujeto
con idea de hombre como unidad y conciente de si .
A esto le opone cc .icc. Precc: Un aparato dividido en instancias
no es un nuevo centro el inconciente. Es el sujeto dividido
.
con filosofía
tradición aristotélica
opone el ser al nombrar: no es lo mismo decir es un preso que esta preso, o es prematuro que nació prematuro
biología
rompe con la idea de instinto en el hombre. El hombre es un sujeto y un cuerpo atravesado por el lenguaje.
medicina
Inclusión de la histeria en un mecanismo psíquico. "sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos" S Freud
(Antes la histeria era considerada como problema fisiológico o como mentirosa)
NOCIONES DEL SENTIDO COMUN, DE LA MEDICINA , LA BIOLOGIA Y LA FILOSOFIA y QUE CONCEPTOS LE OPONE EL PSICOANALISIS
CUERPO BIOLOGICO CUERPO EFECTO DEL LENGUAJE. REPRESENTACIONES
SEXUALIDAD NATURAL SEXUALIDAD INFANTIL
NATURALEZA CULTURA....LENGUAJE
INSTINTO : saber previo, objeto determinado PULSION: no hay saber previo, obj variable
NECESIDADES VITALES NECESIDAD DEL OTRO
RELACION NIÑO MADRE NATURAL UNIDAD NO NATURAL
Historia de la histeria
El verdadero vuelco en relación a pensar la histeria ya no como una enfermedad del utero, una enfermedad fisiológica sino psiquica lo empieza a dar Charcot y lo culmina S. Freud.
A partir de esto se abre la posibilidad de pensar un psiquismo que afecta al cuerpo:
“Por fin aparece en escena Jean-Martin Charcot (1825-1893), el último eslabón de la cadena en esta larga historia de la histeria. La otra instancia decisiva comenzará con Sigmund Freud (1856-1939). Charcot se destacaba en el área de la neurología y tenía estatura de sabio.
Pero un acontecimiento absolutamente casual e imprevisible, cambia la historia. Un cambio en la estructura del hospital La Salpˆetrière obligó a remodelar la distribución de los enfermos y así fue como cayó bajo la autoridad de Charcot una población femenina disparatada, donde se mezclaban las epilépticas y las histéricas.
Así las cosas, se encontró desplazado de su lugar de neurólogo célebre, pero esto no alteró su incesante curiosidad. Enseguida advirtió las diferencias entre epilépticas e histéricas. Creó una nueva entidad: la histero-epilepsia o histeria epileptiforme. De todos modos, esto pronto se dejó de lado. Hablaba de histeria mayor, con grandes paroxismos e histeria menor, con formas atenuadas. Da pasos agigantados. Por ejemplo: afirmaba que el útero no tenía nada que ver con la enfermedad, lo que hacía que hombres y mujeres se vieran afectados por igual. La enfermedad histérica se traduce en crisis periódicas y en estigmas permanentes; tiene zonas erógenas (ovarios, glándulas mamarias, parte alta del cráneo) que se vuelven dolorosas en los momentos de crisis. Todo lo registraba y organizaba. Hay una frase de Charcot que es clave: “He estudiado la histeria de las histéricas como se estudia el reumatismo de los reumáticos”. De todos modos, tenía precaución de no olvidar la delgada línea que separaba a la histeria de la simulación. Como Carter, consideraba esenciales el aislamiento del enfermo y su alejamiento del medio patógeno. Su terapéutica seguía siendo sintomática.
Por último, las incorporaba al hospital y las arrancaba del nomadismo que había hecho de ellas brujas o locas incurables.
Pero Charcot sólo confiaba en la ciencia y si era necesario, contradecía a Hipócrates para ello. Por eso, más allá de sus sistematizaciones, solía tener la intuición de que había algo diferente, que había traumatizado al enfermo en el pasado y que a pesar del tiempo transcurrido, lo perturbaba en el presente. De hecho, se había visto sorprendido por el éxito terapéutico de una cura despojada de todo tratamiento médico. Se trataba de una mujer con el brazo derecho paralizado. El examen neurológico no había arrojado nada.
La minuciosa investigación reveló que había surgido un recuerdo reprimido de un cachetazo dado a su hijo. Charcot la guió en sus recuerdos, hasta hacerla hablar de la bofetada original. De este recuerdo hizo el origen del algo de la parálisis actual. La enferma reflexionó sobre sus recuerdos y la parálisis desapareció. La experiencia era clara, pero el sabio francés temía dirigirse a esas zonas imprecisas entre el cuerpo y el espíritu, se sentía traicionando su vocación de sabio. Era un callejón sin salida: imposible trabajar sin una base orgánica, pero también era imposible encontrar esa base orgánica. ¿Qué era una enfermedad sin materia? Estudió el libro de James Braid y tuvo la intuición de que las personas sensibles al hipnotismo eran histéricas. Entre la curación de una parálisis histérica por una interpretación –analítica, ante todo– y esta intuición, Charcot avanzaba claramente por el camino de la decodificación de la histeria.
La Salpˆetrière, lugar sagrado del estudio científico, se convirtió en sede de espectáculos locos; : la misma causa, los mismos efectos. Charcot aplicaba la hipnosis para poner a sus enfermas en estado de sonambulismo y reproducir los síntomas histéricos en forma experimental. El trance hipnótico era en sí mismo un síntoma histérico: ya no hay fluido sospechoso, sino el razonamiento lógico y riguroso. En 1878 Charcot informó a la Academia de Medicina que la hipnosis era una técnica terapéutica utilizada en La Salpˆetrière. A partir de 1880, las enfermas en estado de hipnosis eran presentadas en público los días viernes.
Hay un cuadro de André Bouillet, llamado La lección de Charcot (1887), donde se ve a un asistente con una enferma hipnotizada en sus brazos.
Admitir una etiología sexual le creó a Charcot un malestar que llegó hasta la angustia. Este poder le obstaculizó el camino en el que Freud tuvo el valor de comprometerse. No tuvo la grandeza de pasarle la posta a quien se lo pedía, incluso acompañarlo un momento en esta persecución de la esfinge, como él llamaba a la histeria. Freud quiso con entusiasmo exponer a Charcot hasta donde había llegado con Josef Breuer (1842-1925) en sus investigaciones sobre la histeria. Quería ser el lazo de unión entre ambos, pero fue imposible.
Entre Charcot y Freud se ubicó Pierre Janet (1859-1947), psiquiatra francés, autor de Estado mental de la histeria (1893). Janet sostenía que “la histeria es una enfermedad general que modifica al organismo entero”.
Lejos del organicismo de Charcot, este psiquiatra insistía especialmente en la interacción entre lo psicológico y lo fisiológico. En cuanto al problema sexual relativo a las histéricas, consideraba que estas enfermas, cuyo capital afectivo se empobrecía, tenían tendencia a resguardarse en la frigidez.
Por ultimo, pensamos que
la mejor manera de hacer una introducción al psicoanálisis es recordar que el creador del mismo es Sigmund Freud, y que el psicoanálisis tiene que ver con los avatares de su propia vida, con su deseo, con la manera en que va descubriendo cuestiones en la práctica clínica y teorizando a partir de allí.
En sus presentaciones de los martes, Charcot (psiquiatra francés) mostró que mediante la hipnosis se podía producir síntomas semejantes a los de la histeria. En 1885, durante su beca en Francia, Freud pudo presenciar tales experiencias en La Salpetriere: y también la producción de parálisis experimentales. Los pacientes tenían experiencias de las que no guardaban conciencia. Su estancia en París, puso a Freud en contacto con estas nuevas ideas: que en la relación con el hipnotizador, el paciente podía producir y suprimir síntomas, la idea de la existencia de dos niveles del psiquismo, la idea de que la histeria tenía que ver con cosas sexuales.
En una conferencia de 1886 en la que debe informar ante la sociedad médica de Berlín sobre su viaje a Francia, Freud muestra cómo la histeria es también una enfermedad de hombres, y todavía de mayor interés para nosotros, que un trauma psíquico puede estar en el origen del síntoma histérico, que la histeria depende de acontecimientos encerrados en el pasado. Esta idea molesto bastante a los maestros de Freud y a la sociedad de entonces.
Citas de Althusser
“En la historia de la Razón Occidental (…) lo prenatal es institucional. Cuando nace una joven ciencia, el círculo de la familia siempre está ya listo para el asombro, el regocijo y el bautizo. Desde hace mucho tiempo se pretende que todo niño (…) es hijo de un padre. (…) Durante el siglo XIX, nacieron 2 o 3 niños a los que no se esperaba: Marx, Nietzsche, Freud (…)La Razón Occidental le hace pagar caro a un hijo sin padre. Marx, Nietzsche, Freud tuvieron que pagar la cuenta, a veces atroz, de la supervivencia: precio contabilizado en exclusiones, condenas, injurias, miserias, hambre y muertes, o locura”.
“Consideremos simplemente la soledad de Freud en su época. No hablo de la soledad humana (tuvo maestros y amigos, aunque conoció la pobreza), hablo de su soledad teórica. Pues cuando quiso pensar, es decir expresar en forma de un sistema riguroso de conceptos abstractos el extraordinario descubrimiento que hacía cada día en sus sesiones de trabajo, encontró pocos padres en teoría. Tuvo que disponer y padecer la siguiente situación teórica: ser para sí mismo su propio padre, construir con sus manos de artesano el espacio teórico en donde situar su descubrimiento, tejer con hilos prestados, tomados de cualquier lado, de cualquier forma, la gran red de nudos en la cual capturar, en las profundidades de la experiencia ciega, al redundante pez del inconsciente, al que los hombres llaman mudo, porque habla cuando ellos duermen
miércoles, 10 de marzo de 2010
Colegio de enfermeria. Texto de S. Freud. "Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las paralisis motrices organicas e histericas
50
«Quelques considérations pour une étude comparative
des paralysies motrices organiques et hystériques»
Nota introductoria(173)
Charcot, de quien fui alumno en 1885 y 1886, tuvo en esa época la deferencia de confiarme la
realización de un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas, basada
en las observaciones de la Salpétrière, que pudiera servir para aprehender algunos caracteres
generales de la neurosis y conducir a una concepción sobre la naturaleza de esta última. Unas
causas accidentales y personales me impidieron durante mucho tiempo obedecer a su
encargo; por eso no he de aportar ahora más que algunos resultados de mis investigaciones,
dejando de lado los detalles que serían necesarios para una demostración completa de mis
opiniones.
I
Será preciso empezar con algunas puntualizaciones (que por otra parte son comúnmente
admitidas) sobre las parálisis motrices orgánicas. La clínica nerviosa reconoce dos clases de
parálisis motrices, la parálisis perifero-espinal (o bulbar) y la parálisis cerebral. Esta distinción
está perfectamente de acuerdo con los datos de la anatomía del sistema nervioso; ellos nos
muestran que en el trayecto de las fibras motrices conductoras hay sólo dos segmentos: el
primero va de la periferia hasta las células de los cuernos anteriores de la médula, y el segundo
se dirige de allí hasta la corteza cerebral. La nueva histología del sistema nervioso, fundada en
los trabajos de Golgi, Ramón y Cajal, Kölliker, etc., traduce ese hecho con estas palabras: «el
trayecto de las fibras de conducción motrices está constituido por dos neuronas (unidades
nerviosas célulo-fibrilares) que se encuentran y entran en relación en el nivel de las células
llamadas motrices de los cuernos anteriores». He aquí la diferencia esencial, en clínica, entre
esos dos tipos de parálisis: La parálisis perifero-espinal es una parálisis «détaillée», la parálisis
cerebral es una parálisis «en masse». ver nota(174)
El tipo de la primera es la parálisis facial en la enfermedad de Bell, la parálisis en la poliomielitis
infantil aguda, etc. Ahora bien, en estas afecciones cada músculo -cada fibra muscular, se
podría decir- puede ser paralizado de manera individual y aislada. Esto sólo depende del sitio y
de la extensión de la lesión nerviosa, y no hay regla fija para que uno de los elementos
periféricos escape a la parálisis en tanto el otro la sufre de una manera constante.
La parálisis cerebral, por el contrario, es siempre una afección que ataca una amplia zona de la
periferia, una extremidad, un segmento de esta, un aparato motor complicado. Nunca afecta a
un músculo individualmente (p. ej., al bíceps del brazo o al tibial de manera aislada, etc.), y si
hay excepciones aparentes a esta regla (v. gr., la ptosis cortical), es evidente que se trata de
músculos que por sí solos cumplen una función de la cual son el instrumento único.
En las parálisis cerebrales de las extremidades se puede señalar que los segmentos periféricos
sufren siempre más que los segmentos cercanos al centro; la mano, por ejemplo, está más
paralizada que la espalda. No hay, que yo sepa, una parálisis cerebral aislada de la espalda, en
que la mano conservara su motilidad, mientras que lo contrarío es la regla en las parálisis que
no son completas.
En un estudio crítico sobre la afasia, publicado en 1891, he intentado mostrar que la causa de
esta diferencia importante entre la parálisis perifero-espinal y la parálisis cerebral se debe
buscar en la estructura del sistema nervioso. Cada elemento de la periferia corresponde a un
elemento dentro del eje gris, que es, como lo llama Charcot, su terminal nervioso; la periferia es
por así decir proyectada sobre la sustancia gris de la médula punto por punto, elemento por
elemento. He propuesto denominar parálisis de proyección a la parálisis détaillée
perifero-espinal. Pero no ocurre lo mismo con las relaciones entre los elementos de la médula y
los de la corteza. El número de las fibras conductoras no bastaría para proporcionar una
segunda proyección de la periferia sobre la corteza. Es preciso suponer que las fibras que van
de la médula a la corteza ya no representan cada una un solo elemento periférico, sino más
bien un grupo de estos, y, por otra parte, que un elemento periférico puede corresponder a
varías fibras conductoras espino-corticales. Ello se debe a un cambio de ordenamiento
producido en el punto de conexión entre los dos segmentos del sistema motor. Por ello
sostengo que la reproducción de la periferia en la corteza ya no es una reproducción fiel punto
por punto, no es una proyección genuina; es una relación mediante fibras que podemos llamar
51
representativas, y propongo para la parálisis cerebral el nombre de parálisis de representación.
ver nota(175)
Desde luego, cuando la parálisis de proyección es total y de gran extensión, ella es también una
parálisis en masse, con lo cual se borra su importante carácter distintivo. Por otra parte, la
parálisis cortical, que se distingue entre las parálisis cerebrales por su mayor aptitud para la
disociación, presenta siempre, empero, el carácter de una parálisis por representación.
Las otras diferencias entre las parálisis de proyección y de representación son bien conocidas;
cito entre ellas que es inherente a la segunda la nutrición normal y la integridad de la reacción
eléctrica [de las partes afectadas]. Aunque muy importantes en la clínica, estos signos no tienen
el alcance teórico que es preciso atribuir al primer carácter diferencial que hemos registrado, a
saber: parálisis détaillée o en masse.
Asaz a menudo se ha atribuido a la histeria la facultad de simular las afecciones nerviosas
orgánicas más diversas. Se trata de saber si, de una manera más precisa, simula los
caracteres de las dos clases de parálisis orgánicas, si hay parálisis histéricas de proyección y
parálisis histéricas de representación, como en la sintomatología orgánica. Aquí se destaca un
primer hecho importante: la histeria nunca simula las parálisis perifero-espinales o de
proyección; las parálisis histéricas comparten solamente los caracteres de las parálisis
orgánicas de representación. He ahí un hecho interesantísimo, puesto que la parálisis de Bell, la
parálisis radial, etc., se incluyen entre las afecciones más comunes del sistema nervioso.
Para evitar toda confusión, es bueno apuntar aquí que yo trato sólo de la parálisis histérica
fláccida y no de la contractura histérica. Me parece imposible subsumir bajo las mismas reglas
la parálisis y la contractura histéricas. Sólo respecto de las parálisis histéricas fláccidas se
puede sostener que nunca afectan a un solo músculo, salvo el caso en que ese músculo sea el
instrumento único de una función; que son siempre parálisis en masse, y que en ese aspecto
cortesponden a la parálisis de representación, o cerebral orgánica. Además, por lo que toca a la
nutrición de las partes paralizadas y a sus reacciones eléctricas, la parálisis histérica presenta
los mismos caracteres que la parálisis cerebral orgánica.
Si de este modo la parálisis histérica se aproxima a la parálisis cerebral, y en particular a la
parálisis cortical, que presenta una facilidad mayor para la disociación, no deja de distinguirse
de ella por algunos caracteres importantes. En primer lugar, no está sometida a la regla,
constante en las parálisis cerebrales orgánicas, de que el segmento periférico es siempre más
afectado que el segmento central. En la histeria, la espalda o el muslo pueden estar más
paralizados que la mano o el pie. Los movimientos pueden llegar a los dedos mientras el
segmento central está todavía absolutamente inerte. No ofrece la menor dificultad producir
artificialmente una parálisis aislada del muslo, de la pierna, etc., y con suma frecuencia es
posible hallar en la clínica estas parálisis aisladas, en contradicción con las reglas de la parálisis
orgánica cerebral,
En este aspecto importante, la parálisis histérica es, por así decir, intermedia entre la parálisis
de proyección y la parálisis de representación orgánica. Si no posee todos los caracteres de
disociación y de aislamiento propios de la primera, tampoco está sujeta, ni mucho menos, a las
leyes estrictas que rigen la segunda, la parálisis cerebral. Hechas estas salvedades, se puede
sostener que la parálisis histérica es también una parálisis de representación, pero de una
representación especial cuya característica debe ser descubierta . ver nota
(176)
II
Para avanzar en esta dirección me propongo estudiar los otros rasgos distintivos de la parálisis
histérica y la parálisis cortical, tipo este el más perfecto de parálisis cerebral orgánica. Ya
hemos mencionado el primero de tales caracteres distintivos, y es que la parálisis histérica
puede ser mucho más disociada, más sistematizada, que la parálisis cerebral. Los síntomas de
la parálisis orgánica se encuentran como fragmentados en la histeria. De la hemiplejía común
orgánica (parálisis de los miembros superior e inferior, y del facial inferior), la histeria sólo
reproduce la parálisis de los miembros, y aun con gran frecuencia y con la mayor facilidad
disocia la parálisis del brazo de la de la pierna bajo la forma de monoplejías. Del síndrome de la
afasia orgánica, reproduce la afasia motriz en el estado de aislamiento y -cosa inaudita en la
afasia orgánica- puede crear una afasia total (motriz y sensitiva) para determinada lengua, sin
afectar en nada la facultad de comprender y articular otra, como lo he observado en algunos
casos inéditos(177). Ese mismo poder disociador se manifiesta en las parálisis aisladas de un
segmento de miembro con integridad completa de las otras partes del mismo miembro, o
también en la abolición completa de una función (abasia, astasia) con integridad de otra función
ejecutada por los mismos órganos(178). Esta disociación es tanto más llamativa cuanto más
compleja la función respetada. En la sintomatología orgánica, cuando hay debilitamiento
desigual de varias funciones, la más afectada a consecuencia de la parálisis es siempre la
función más compleja, de adquisición posterior.
La parálisis histérica presenta además otro carácter que es como la rúbrica de la neurosis y
que se agrega al primero. En efecto, según le he oído decir a Charcot, la histeria es una
enfermedad de manifestaciones excesivas que tiende a producir sus síntomas con la mayor
intensidad posible. Es un carácter que no se muestra solamente en las parálisis, sino también
en las contracturas y las anestesias. Bien se sabe a qué grado de distorsión pueden llegar las
contracturas histéricas, que casi no tienen parangón en la sintomatología orgánica. También se
sabe cuán frecuentes son en la histeria las anestesias absolutas, profundas, de las cuales las
lesiones orgánicas sólo pueden reproducir un débil esbozo. Lo mismo vale para las parálisis. A
menudo son absolutas en grado extremo; el afásico no profiere una palabra, mientras que el
afásico orgánico conserva casi siempre algunas sílabas el «sí» y el «no», un juramento, etc.; el
brazo paralizado está absolutamente inerte, etc. Este carácter es demasiado conocido para que
nos demoremos en él. Por el contrario, se sabe que en la parálisis orgánica la paresia es
siempre más frecuente que la parálisis absoluta.
La parálisis histérica es, entonces, de una delimitación exacta y de una intensidad excesiva;
posee esas dos cualidades a la vez, y en esto reside su mayor contraste con la parálisis
52
cerebral orgánica, en la cual, de una manera constante, estos dos caracteres no están
asociados. Existen también monoplejías en la sintomatología orgánica, pero son casi siempre
monoplejías a potiori(179) y no exactamente delimitadas. Si el brazo está paralizado a
consecuencia de una lesión cortical orgánica, casi siempre se presenta también una afección
concomitante menor del facial y de la pierna, y si esta complicación no aparece en un momento
dado, existió no obstante al comienzo de la afección. La monoplejía cortical es siempre, a decir
verdad, una hemiplejía de la cual tal o cual parte está más o menos borrada, pero sigue siendo
reconocible. Para ir más lejos, supongamos que la parálisis no haya afectado otra parte que el
brazo, y sea así una monoplejía cortical pura; entonces se ve que la parálisis es de una
intensidad moderada. Tan pronto como la intensidad de esta monoplejía aumente, se convertirá
en una parálisis absoluta, perderá su carácter de monoplejía pura e irá acompañada de
perturbaciones motrices en la pierna o la cara. No puede volverse absoluta y permanecer
delimitada a la vez.
Esto es algo que la parálisis histérica, por el contrario, puede muy bien realizar, como lo
muestra la clínica cotidiana. Por ejemplo, afecta al brazo de una manera exclusiva, pero no hay
ni huellas en la pierna o la cara. Además, en el nivel del brazo es todo lo fuerte que puede serlo
una parálisis, y ello marca una diferencia notable con la parálisis orgánica, diferencia que da
mucho que pensar.
Desde luego, hay casos de parálisis histérica en que la intensidad no es excesiva y en que la
disociación no ofrece nada notable. A estos se los reconoce por medio de otros caracteres;
pero son casos que no llevan el sello típico de la neurosis y que, al no poder anoticiarnos nada
acerca de su naturaleza, no presentan interés alguno desde el punto de vista que aquí nos
ocupa.
Agreguemos algunas consideraciones de importancia secundaria, que hasta llegan a rebasar
un poco los límites de nuestro tema.
Señalaré, primero, que las parálisis histéricas se acompañan de perturbaciones de la
sensibilidad mucho más a menudo que las parálisis orgánicas. En general, ellas son más
profundas y frecuentes en la neurosis que en la sintomatología orgánica. Nada más común que
la anestesia o la analgesia histérica. Recuérdese, en cambio, con cuánta tenacidad persiste la
sensibilidad en caso de lesión nerviosa. Si se secciona un nervio periférico, la anestesia será
menor en extensión y en intensidad de lo que se prevería. Si una lesión inflamatoria ataca los
nervios espinales o los centros de la médula, se descubrirá siempre que la motilidad es
afectada en primer lugar y que la sensibilidad permanece indemne o solamente se debilita, pues
siempre persiste alguna parte de los elementos nerviosos que no es destruida por completo. En
caso de lesión cerebral, son conocidas la frecuencia y duración de la hemiplejía motriz,
mientras que la hemianestesia concomitante es indistinta ' fugaz, y no en todos los casos se
presenta. Sólo algunas localizaciones totalmente especiales son capaces de producir una
afección de la sensibilidad intensa y duradera (encrucijada sensitiva), y aun este hecho no está
exento de duda.
Este comportamiento de la sensibilidad, diferente en las lesiones orgánicas y en la histeria, nos
resulta hoy inexplicable. He ahí, al parecer, un problema cuya solución nos aclararía la
naturaleza íntima de las cosas.
Otro punto que me parece digno de ser apuntado es que algunas formas de parálisis cerebral
no se encuentran en la histeria, lo mismo que sucede con las parálisis periferoes-pinales de
proyección. Es preciso citar en primer término la parálisis del facial inferior, manifestación esta
la más frecuente de una afección orgánica del cerebro y, si se me permite pasar por un
momento a las parálisis sensoriales, la hemianopsia lateral homónima. Sé que es casi arriesgar
una apuesta pretender afirmar que tal o cual síntoma no se encuentra en la histeria, cuando las
investigaciones de Charcot y sus discípulos descubren en ella, se diría que cotidianamente,
síntomas nuevos hasta entonces insospechados. Pero me veo precisado a tomar las cosas
como hoy están. La parálisis facial histérica es muy cuestionada por Charcot y, de creer a
quienes son partidarios de ella, es un fenómeno de gran rareza. La hemianopsia no se ha visto
todavía en la histeria, y yo pienso que nunca se la verá.
Ahora bien, ¿a qué se debe que las parálisis histéricas, no obstante simular ceñidamente las
parálisis corticales, diverjan de ellas por los rasgos distintivos que he tratado de enumerar, y a
qué carácter general de la representación especial será preciso referirlas? La respuesta a esta
cuestión contendría una buena parte, e importante, de la teoría de la neurosis.
III
No hay la menor duda acerca de las condiciones que dominan la sintomatología de la parálisis
cerebral. Son los hechos de la anatomía -la construcción del sistema nervioso, la distribución de
sus vasos- y la relación entre estas dos series de hechos y las circunstancias de la lesión.
Hemos dicho que el menor número de las fibras que van de la médula a la corteza por
comparación al número de las fibras que van de la periferia a la médula es la base de la
diferencia entre la parálisis de proyección y la de representación. De igual modo, cada detalle
clínico de la parálisis de representación puede hallar su explicación en un detalle de la
estructura cerebral y, viceversa, podemos deducir la construcción del cerebro a partir de los
caracteres clínicos de las parálisis. Creemos en un perfecto paralelismo entre esas dos series.
Así, si no existe una gran facilidad de disociación para la parálisis cerebral común, es porque las
fibras motrices de conducción están demasiado próximas entre sí en un largo tramo de su
trayecto intracerebral para que puedan ser lesionadas aisladamente, Si la parálisis cortical
muestra más tendencia a las monoplejías, es porque el diámetro de los haces conductores:
braquial, crural, cte., va creciendo hasta la corteza. Si de todas las parálisis corticales la de la
mano es la más compleja, ello se debe, creemos, al hecho de que la relación cruzada entre el
hemisferio y la periferia es más exclusiva para la mano que para cualquier otra parte del cuerpo.
Si el segmento distal de una extremidad sufre más la parálisis que el segmento proximal,
suponemos que las fibras representativas del segmento distal son mucho más numerosas que
53
las del segmento proximal, de suerte que la influencia cortical se vuelve más importante para el
primero de lo que lo es para el segundo. Si lesiones algo extensas de la corteza no alcanzan a
producir monoplejías puras, inferimos que los centros motores sobre la corteza no están
separados netamente entre sí por territorios neutros, o que existen acciones a distancia
(Fernwirkungen) que anularían el efecto de una separación exacta de los centros.
Análogamente, si en la afasia orgánica hay siempre una mezcla de perturbaciones de diversas
funciones, ello es así porque ramas de la misma arteria nutren a todos los centros del lenguaje
o, si se acepta la opinión enunciada en mi estudio crítico sobre la afasia(180) porque no se trata
de centros separados, sino de un territorio continuo de asociación. En todos los casos existe
una razón derivada de la anatomía.
Las notables asociaciones que tan a menudo se observan en la clínica de las parálisis
corticales (afasia motriz y hemiplejía derecha, alexia y hemianopsia derecha) se explican por la
vecindad entre los centros lesionados. Aun la hemianopsia, síntoma asaz curioso y extraño para
el espíritu no científico, no se comprende sino por el entrecruzamiento de las fibras del nervio
óptico dentro del quiasma; es su expresión clínica, como todos los detalles de las parálisis
cerebrales son la expresión clínica de un hecho anatómico.
Puesto que sólo puede haber una sola anatomía cerebral verdadera, y puesto que ella se
expresa en los caracteres clínicos de las parálisis cerebrales, es evidentemente imposible que
esta anatomía pueda explicar los rasgos distintivos de la parálisis histérica. Por esta razón no
es lícito extraer, respecto de la anatomía cerebral, conclusiones basadas sobre la
sintomatología de estas parálisis.
Para obtener esta difícil explicación es preciso atender por cierto a la naturaleza de la lesión. En
las parálisis orgánicas, la naturaleza de la lesión desempeña un papel secundario; más bien
son su extensión y su localización las que, en las condiciones estructurales dadas del sistema
nervioso, producen los caracteres de la parálisis orgánica que hemos registrado. ¿Cuál podría
ser la naturaleza de la lesión en la parálisis histérica, que por sí sola domina la situación, con
independencia de la localización, de la extensión de la lesión y de la anatomía del sistema
nervioso?
Charcot nos ha enseñado que muy a menudo ella es una lesión cortical, pero puramente
dinámica o funcional. He ahí una tesis cuyo lado negativo se comprende bien: equivale a afirmar
que en la autopsia no se hallarán cambios tisulares apreciables. Pero desde un punto de vista
más positivo, su interpretación no está en modo alguno libre de equívocos.
En efecto, ¿qué es una lesión dinámica? Estoy bien seguro de que muchos de los que leen las
obras de Charcot creen que la lesión dinámica es una lesión de la que ya no se encuentra la
huella en el cadáver, como un edema, una anemia, una hiperemia activa. Pero, aunque no
persistan necesariamente tras la muerte, aunque sean leves y fugaces, esas son genuinas
lesiones orgánicas. Es necesario que las parálisis producidas por las lesiones de este orden
compartan en un todo los caracteres de la parálisis orgánica. El edema, la anemia, no podrían
producir la disociación y la intensidad de las parálisis histéricas, como tampoco pueden hacerlo
la hemorragia y el ablandamiento. La única diferencia sería que la parálisis por el edema, por la
constricción vascular, etc., debe ser menos duradera que la parálisis por destrucción del tejido
nervioso. Todas las otras condiciones les son comunes, y la anatomía del sistema nervioso
determinará las propiedades de la parálisis tanto en el caso de anemia fugaz cuanto en el caso
de anemia permanente y definitiva.
No creo que estas puntualizaciones sean enteramente gratuitas. Si uno lee que «debe existir
una lesión histérica» en tal o cual centro, el mismo cuya lesión orgánica produciría el síndrome
orgánico correspondiente; y si uno recuerda que está habituado a localizar la lesión histérica
dinámica de la misma manera que la lesión orgánica, se ve llevado a creer que bajo la
expresión «lesión dinámica» se esconde la idea de una lesión como el edema o la anemia, que,
en verdad, son afecciones orgánicas pasajeras. Yo afirmo, por el contrario, que la lesión de las
parálisis histéricas debe ser por completo independiente de la anatomía del sistema nervioso,
puesto que la histeria se comporta en sus parálisis y otras manifestaciones como si la
anatomía no existiera, o como si no tuviera noticia alguna de ella. ver nota(181)
Buen número de los caracteres de las parálisis histéricas justifican en verdad esta afirmación.
La histeria es ignorante de la distribución de los nervios, y por ello no simula las parálisis
perifero-espinales o de proyección; no tiene noticia del quiasma de los nervios ópticos, y en
consecuencia no produce la hemianopsia. Toma los órganos en el sentido vulgar, popular, del
nombre que llevan: la pierna es la pierna, hasta la inserción de la cadera; el brazo es la
extremidad superior tal como se dibuja bajo los vestidos. No hay razón para reunir parálisis del
brazo y parálisis de la cara. La histérica que no sabe hablar carece de motivo para olvidar su
comprensión de la lengua, puesto que afasia motriz y sordera verbal no tienen ningún
parentesco según la noción popular, etc. Yo no puedo menos que adherir plenamente en este
punto a las concepciones que Janet ha formulado en los últimos números de Archives de
Neurologie; las parálisis histéricas constituyen la prueba de ello, lo mismo que las anestesias y
los síntomas psíquicos,
IV
Intentaré, por último, desarrollar cómo podría ser la lesión que es causa de las parálisis
histéricas. No afirmo que mostraré cómo es de hecho; se trata solamente de indicar la línea de
pensamiento que puede conducir a una concepción que no contradiga las propiedades de la
parálisis histérica, en lo que ella difiere de la parálisis orgánica cerebral.
Tomaré la expresión «lesión funcional o dinámica» en su sentido propio de «alteración de
función o de dinamismo», alteración de una propiedad funcional. Una alteración así sería, por
ejemplo, una disminución de la excitabilidad o de una cualidad fisiológica que en el estado
normal permanece constante o varía dentro de límites determinados.
54
Pero, se me dirá, no otra cosa es la alteración funcional; no es más que otro aspecto de la
alteración orgánica. Supongamos que el tejido nervioso se encuentre en un estado de anemia
pasajera: su excitabilidad se verá disminuida por esta circunstancia. No se puede evitar
considerar las lesiones orgánicas mediante ese expediente.
Procuraré mostrar que puede existir una alteración funcional sin lesión orgánica concomitante,
al menos sin lesión grosera palpable, aun mediando el análisis más delicado. En otros términos,
daré un ejemplo apropiado de una alteración funcional primitiva; para ello no pido más que se
me permita pasar al terreno de la psicología, ineludible cuando uno se ocupa de la histeria.
Afirmo, con Janet, que es la concepción trivial, popular, de los órganos y del cuerpo en general
la que está en juego en las parálisis histéricas, así como en las anestesias, etc. Esta
concepción no se funda en un conocimiento ahondado de la anatomía nerviosa, sino en
nuestras percepciones táctiles y, sobre todo, visuales. Si es ella la que determina los caracteres
de la parálisis histérica, es evidente que esta última debe mostrarse ignorante e independiente
de toda noción sobre la anatomía del sistema nervioso. La lesión de la parálisis histérica será,
entonces, una alteración de la concepción {representación}; de la idea de brazo, por ejemplo.
Pero, ¿de qué índole es esta alteración para producir la parálisis?
Considerada psicológicamente, la parálisis del brazo consiste en el hecho de que la concepción
del brazo no puede entrar en asociación con las otras ideas que constituyen al yo del cual el
cuerpo del individuo forma una parte importante. La lesión sería entonces la abolición de la
accesibilidad asociativa de la concepción del brazo. Este se comporta como si no existiera para
el juego de las asociaciones. Es indudable que si las condiciones materiales correspondientes a
la concepción del brazo están profundamente alteradas, también se habrá perdido esa
concepción; pero he de mostrar que puede ser inasequible sin estar destruida y sin que esté
dañado su sustrato material (el tejido nervioso de la pertinente región cortical).
Empezaré con ejemplos tomados de la vida social. Cuentan la cómica historia de un súbdito
real que no quería lavar su mano porque su soberano la había tocado. El nexo de esta mano
con la idea del rey parece tan importante para la vida psíquica del individuo, que él se rehusa a
hacer entrar esa mano en otras relaciones. A la misma impulsión obedecemos si rompemos el
vaso en que bebimos a la salud de los recién casados; cuando las tribus salvajes antiguas
quemaban, junto con el cadáver del jefe muerto, su caballo, sus armas y aun sus mujeres,
obedecían a esta idea: nadie debía tocarlas luego de él. El motivo de todas estas acciones es
harto claro. El valor afectivo que atribuimos a la primera asociación de un objeto repugna
hacerlo entrar en asociación nueva con otro objeto y, a consecuencia de ello, vuelve inaccesible
a la asociación la idea de ese [primer] objeto. ver nota(182)
No es una simple comparación; el fenómeno es casi idéntico en el campo de la psicología de
las concepciones. Si la concepción del brazo está envuelta en una asociación de gran valor
afectivo, será inaccesible al libre juego de las otras asociaciones. El brazo estará paralizado en
proporción a la persistencia de este valor afectivo o a su disminución por medios psíquicos
apropiados. He ahí la solución del problema que nos hemos planteado, pues en todos los casos
de parálisis histérica uno halla que el órgano paralizado o la función abolida están envueltos en
una asociación subconciente(183) provista de un gran valor afectivo, y se puede mostrar que el
brazo se libera tan pronto como ese valor afectivo se borra. Por tanto, la concepción del brazo
existe en el sustrato material, pero no es accesible para las asociaciones e impulsiones
concientes porque toda su afinidad asociativa, por así decir, está saturada en una asociación
subconciente con el recuerdo del suceso, del trauma, productor de esa parálisis. ver nota(184)
Fue Charcot el primero que nos enseñó que es preciso dirigirse a la psicología para dar con la
explicación de la neurosis histérica. Breuer y yo hemos seguido su ejemplo en una
comunicación preliminar «Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos(185)». En ella
demostramos que los síntomas permanentes de la histeria llamada «no traumática» se explican
(salvo los estigmas(186)) por el mismo mecanismo que Charcot reconoció en las parálisis
traumáticas. Pero también ofrecemos la razón por la cual esos síntomas persisten y pueden
ser curados mediante un procedimiento especial de psicoterapia hipnótica. Cada suceso, cada
impresión psíquica están provistos de cierto valor afectivo (Aflektbetrag {monto de afecto(187)})
del que el yo se libra por la vía de una reacción motriz o por un trabajo psíquico asociativo. Si el
individuo no puede o no quiere tramitar el excedente, el recuerdo de esta impresión adquiere la
importancia de un trauma y deviene la causa de síntomas permanentes de histeria. La
imposibilidad de la eliminación es notoria cuando la impresión permanece en el subconciente.
Hemos llamado a esta teoría «Das Abreagieren der Reizzuwächse» {«La abreacción de los
aumentos de estímulo»} ver nota
(188)
En resumen, pienso que concuerda bien con nuestra visión general sobre la histeria, tal como
hemos podido formarla siguiendo las enseñanzas de Charcot, que la lesión en las parálisis
histéricas no consista en otra cosa que en la inaccesibilidad de la- concepción del órgano o de
la función para las asociaciones del yo conciente, que esta alteración puramente funcional (con
integridad de la concepción misma) esté causada por la fijación(189) de dicha concepción en
una asociación subconciente con el recuerdo del trauma, y que esta concepción no devenga
libre y accesible hasta que el valor afectivo del trauma psíquico no haya sido eliminado por la
reacción motriz adecuada o por el trabajo psíquico conciente. Pero aun si no opera ese
mecanismo, aun si para la parálisis histérica hace falta siempre una idea autosugestiva directa,
como en los casos traumáticos de Charcot, habremos logrado demostrar de qué naturaleza
debería ser la lesión, o más bien la alteración, en la parálisis histérica, para explicar sus
diferencias con la parálisis orgánica cerebral.
55
«Quelques considérations pour une étude comparative
des paralysies motrices organiques et hystériques»
Nota introductoria(173)
Charcot, de quien fui alumno en 1885 y 1886, tuvo en esa época la deferencia de confiarme la
realización de un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas, basada
en las observaciones de la Salpétrière, que pudiera servir para aprehender algunos caracteres
generales de la neurosis y conducir a una concepción sobre la naturaleza de esta última. Unas
causas accidentales y personales me impidieron durante mucho tiempo obedecer a su
encargo; por eso no he de aportar ahora más que algunos resultados de mis investigaciones,
dejando de lado los detalles que serían necesarios para una demostración completa de mis
opiniones.
I
Será preciso empezar con algunas puntualizaciones (que por otra parte son comúnmente
admitidas) sobre las parálisis motrices orgánicas. La clínica nerviosa reconoce dos clases de
parálisis motrices, la parálisis perifero-espinal (o bulbar) y la parálisis cerebral. Esta distinción
está perfectamente de acuerdo con los datos de la anatomía del sistema nervioso; ellos nos
muestran que en el trayecto de las fibras motrices conductoras hay sólo dos segmentos: el
primero va de la periferia hasta las células de los cuernos anteriores de la médula, y el segundo
se dirige de allí hasta la corteza cerebral. La nueva histología del sistema nervioso, fundada en
los trabajos de Golgi, Ramón y Cajal, Kölliker, etc., traduce ese hecho con estas palabras: «el
trayecto de las fibras de conducción motrices está constituido por dos neuronas (unidades
nerviosas célulo-fibrilares) que se encuentran y entran en relación en el nivel de las células
llamadas motrices de los cuernos anteriores». He aquí la diferencia esencial, en clínica, entre
esos dos tipos de parálisis: La parálisis perifero-espinal es una parálisis «détaillée», la parálisis
cerebral es una parálisis «en masse». ver nota(174)
El tipo de la primera es la parálisis facial en la enfermedad de Bell, la parálisis en la poliomielitis
infantil aguda, etc. Ahora bien, en estas afecciones cada músculo -cada fibra muscular, se
podría decir- puede ser paralizado de manera individual y aislada. Esto sólo depende del sitio y
de la extensión de la lesión nerviosa, y no hay regla fija para que uno de los elementos
periféricos escape a la parálisis en tanto el otro la sufre de una manera constante.
La parálisis cerebral, por el contrario, es siempre una afección que ataca una amplia zona de la
periferia, una extremidad, un segmento de esta, un aparato motor complicado. Nunca afecta a
un músculo individualmente (p. ej., al bíceps del brazo o al tibial de manera aislada, etc.), y si
hay excepciones aparentes a esta regla (v. gr., la ptosis cortical), es evidente que se trata de
músculos que por sí solos cumplen una función de la cual son el instrumento único.
En las parálisis cerebrales de las extremidades se puede señalar que los segmentos periféricos
sufren siempre más que los segmentos cercanos al centro; la mano, por ejemplo, está más
paralizada que la espalda. No hay, que yo sepa, una parálisis cerebral aislada de la espalda, en
que la mano conservara su motilidad, mientras que lo contrarío es la regla en las parálisis que
no son completas.
En un estudio crítico sobre la afasia, publicado en 1891, he intentado mostrar que la causa de
esta diferencia importante entre la parálisis perifero-espinal y la parálisis cerebral se debe
buscar en la estructura del sistema nervioso. Cada elemento de la periferia corresponde a un
elemento dentro del eje gris, que es, como lo llama Charcot, su terminal nervioso; la periferia es
por así decir proyectada sobre la sustancia gris de la médula punto por punto, elemento por
elemento. He propuesto denominar parálisis de proyección a la parálisis détaillée
perifero-espinal. Pero no ocurre lo mismo con las relaciones entre los elementos de la médula y
los de la corteza. El número de las fibras conductoras no bastaría para proporcionar una
segunda proyección de la periferia sobre la corteza. Es preciso suponer que las fibras que van
de la médula a la corteza ya no representan cada una un solo elemento periférico, sino más
bien un grupo de estos, y, por otra parte, que un elemento periférico puede corresponder a
varías fibras conductoras espino-corticales. Ello se debe a un cambio de ordenamiento
producido en el punto de conexión entre los dos segmentos del sistema motor. Por ello
sostengo que la reproducción de la periferia en la corteza ya no es una reproducción fiel punto
por punto, no es una proyección genuina; es una relación mediante fibras que podemos llamar
51
representativas, y propongo para la parálisis cerebral el nombre de parálisis de representación.
ver nota(175)
Desde luego, cuando la parálisis de proyección es total y de gran extensión, ella es también una
parálisis en masse, con lo cual se borra su importante carácter distintivo. Por otra parte, la
parálisis cortical, que se distingue entre las parálisis cerebrales por su mayor aptitud para la
disociación, presenta siempre, empero, el carácter de una parálisis por representación.
Las otras diferencias entre las parálisis de proyección y de representación son bien conocidas;
cito entre ellas que es inherente a la segunda la nutrición normal y la integridad de la reacción
eléctrica [de las partes afectadas]. Aunque muy importantes en la clínica, estos signos no tienen
el alcance teórico que es preciso atribuir al primer carácter diferencial que hemos registrado, a
saber: parálisis détaillée o en masse.
Asaz a menudo se ha atribuido a la histeria la facultad de simular las afecciones nerviosas
orgánicas más diversas. Se trata de saber si, de una manera más precisa, simula los
caracteres de las dos clases de parálisis orgánicas, si hay parálisis histéricas de proyección y
parálisis histéricas de representación, como en la sintomatología orgánica. Aquí se destaca un
primer hecho importante: la histeria nunca simula las parálisis perifero-espinales o de
proyección; las parálisis histéricas comparten solamente los caracteres de las parálisis
orgánicas de representación. He ahí un hecho interesantísimo, puesto que la parálisis de Bell, la
parálisis radial, etc., se incluyen entre las afecciones más comunes del sistema nervioso.
Para evitar toda confusión, es bueno apuntar aquí que yo trato sólo de la parálisis histérica
fláccida y no de la contractura histérica. Me parece imposible subsumir bajo las mismas reglas
la parálisis y la contractura histéricas. Sólo respecto de las parálisis histéricas fláccidas se
puede sostener que nunca afectan a un solo músculo, salvo el caso en que ese músculo sea el
instrumento único de una función; que son siempre parálisis en masse, y que en ese aspecto
cortesponden a la parálisis de representación, o cerebral orgánica. Además, por lo que toca a la
nutrición de las partes paralizadas y a sus reacciones eléctricas, la parálisis histérica presenta
los mismos caracteres que la parálisis cerebral orgánica.
Si de este modo la parálisis histérica se aproxima a la parálisis cerebral, y en particular a la
parálisis cortical, que presenta una facilidad mayor para la disociación, no deja de distinguirse
de ella por algunos caracteres importantes. En primer lugar, no está sometida a la regla,
constante en las parálisis cerebrales orgánicas, de que el segmento periférico es siempre más
afectado que el segmento central. En la histeria, la espalda o el muslo pueden estar más
paralizados que la mano o el pie. Los movimientos pueden llegar a los dedos mientras el
segmento central está todavía absolutamente inerte. No ofrece la menor dificultad producir
artificialmente una parálisis aislada del muslo, de la pierna, etc., y con suma frecuencia es
posible hallar en la clínica estas parálisis aisladas, en contradicción con las reglas de la parálisis
orgánica cerebral,
En este aspecto importante, la parálisis histérica es, por así decir, intermedia entre la parálisis
de proyección y la parálisis de representación orgánica. Si no posee todos los caracteres de
disociación y de aislamiento propios de la primera, tampoco está sujeta, ni mucho menos, a las
leyes estrictas que rigen la segunda, la parálisis cerebral. Hechas estas salvedades, se puede
sostener que la parálisis histérica es también una parálisis de representación, pero de una
representación especial cuya característica debe ser descubierta . ver nota
(176)
II
Para avanzar en esta dirección me propongo estudiar los otros rasgos distintivos de la parálisis
histérica y la parálisis cortical, tipo este el más perfecto de parálisis cerebral orgánica. Ya
hemos mencionado el primero de tales caracteres distintivos, y es que la parálisis histérica
puede ser mucho más disociada, más sistematizada, que la parálisis cerebral. Los síntomas de
la parálisis orgánica se encuentran como fragmentados en la histeria. De la hemiplejía común
orgánica (parálisis de los miembros superior e inferior, y del facial inferior), la histeria sólo
reproduce la parálisis de los miembros, y aun con gran frecuencia y con la mayor facilidad
disocia la parálisis del brazo de la de la pierna bajo la forma de monoplejías. Del síndrome de la
afasia orgánica, reproduce la afasia motriz en el estado de aislamiento y -cosa inaudita en la
afasia orgánica- puede crear una afasia total (motriz y sensitiva) para determinada lengua, sin
afectar en nada la facultad de comprender y articular otra, como lo he observado en algunos
casos inéditos(177). Ese mismo poder disociador se manifiesta en las parálisis aisladas de un
segmento de miembro con integridad completa de las otras partes del mismo miembro, o
también en la abolición completa de una función (abasia, astasia) con integridad de otra función
ejecutada por los mismos órganos(178). Esta disociación es tanto más llamativa cuanto más
compleja la función respetada. En la sintomatología orgánica, cuando hay debilitamiento
desigual de varias funciones, la más afectada a consecuencia de la parálisis es siempre la
función más compleja, de adquisición posterior.
La parálisis histérica presenta además otro carácter que es como la rúbrica de la neurosis y
que se agrega al primero. En efecto, según le he oído decir a Charcot, la histeria es una
enfermedad de manifestaciones excesivas que tiende a producir sus síntomas con la mayor
intensidad posible. Es un carácter que no se muestra solamente en las parálisis, sino también
en las contracturas y las anestesias. Bien se sabe a qué grado de distorsión pueden llegar las
contracturas histéricas, que casi no tienen parangón en la sintomatología orgánica. También se
sabe cuán frecuentes son en la histeria las anestesias absolutas, profundas, de las cuales las
lesiones orgánicas sólo pueden reproducir un débil esbozo. Lo mismo vale para las parálisis. A
menudo son absolutas en grado extremo; el afásico no profiere una palabra, mientras que el
afásico orgánico conserva casi siempre algunas sílabas el «sí» y el «no», un juramento, etc.; el
brazo paralizado está absolutamente inerte, etc. Este carácter es demasiado conocido para que
nos demoremos en él. Por el contrario, se sabe que en la parálisis orgánica la paresia es
siempre más frecuente que la parálisis absoluta.
La parálisis histérica es, entonces, de una delimitación exacta y de una intensidad excesiva;
posee esas dos cualidades a la vez, y en esto reside su mayor contraste con la parálisis
52
cerebral orgánica, en la cual, de una manera constante, estos dos caracteres no están
asociados. Existen también monoplejías en la sintomatología orgánica, pero son casi siempre
monoplejías a potiori(179) y no exactamente delimitadas. Si el brazo está paralizado a
consecuencia de una lesión cortical orgánica, casi siempre se presenta también una afección
concomitante menor del facial y de la pierna, y si esta complicación no aparece en un momento
dado, existió no obstante al comienzo de la afección. La monoplejía cortical es siempre, a decir
verdad, una hemiplejía de la cual tal o cual parte está más o menos borrada, pero sigue siendo
reconocible. Para ir más lejos, supongamos que la parálisis no haya afectado otra parte que el
brazo, y sea así una monoplejía cortical pura; entonces se ve que la parálisis es de una
intensidad moderada. Tan pronto como la intensidad de esta monoplejía aumente, se convertirá
en una parálisis absoluta, perderá su carácter de monoplejía pura e irá acompañada de
perturbaciones motrices en la pierna o la cara. No puede volverse absoluta y permanecer
delimitada a la vez.
Esto es algo que la parálisis histérica, por el contrario, puede muy bien realizar, como lo
muestra la clínica cotidiana. Por ejemplo, afecta al brazo de una manera exclusiva, pero no hay
ni huellas en la pierna o la cara. Además, en el nivel del brazo es todo lo fuerte que puede serlo
una parálisis, y ello marca una diferencia notable con la parálisis orgánica, diferencia que da
mucho que pensar.
Desde luego, hay casos de parálisis histérica en que la intensidad no es excesiva y en que la
disociación no ofrece nada notable. A estos se los reconoce por medio de otros caracteres;
pero son casos que no llevan el sello típico de la neurosis y que, al no poder anoticiarnos nada
acerca de su naturaleza, no presentan interés alguno desde el punto de vista que aquí nos
ocupa.
Agreguemos algunas consideraciones de importancia secundaria, que hasta llegan a rebasar
un poco los límites de nuestro tema.
Señalaré, primero, que las parálisis histéricas se acompañan de perturbaciones de la
sensibilidad mucho más a menudo que las parálisis orgánicas. En general, ellas son más
profundas y frecuentes en la neurosis que en la sintomatología orgánica. Nada más común que
la anestesia o la analgesia histérica. Recuérdese, en cambio, con cuánta tenacidad persiste la
sensibilidad en caso de lesión nerviosa. Si se secciona un nervio periférico, la anestesia será
menor en extensión y en intensidad de lo que se prevería. Si una lesión inflamatoria ataca los
nervios espinales o los centros de la médula, se descubrirá siempre que la motilidad es
afectada en primer lugar y que la sensibilidad permanece indemne o solamente se debilita, pues
siempre persiste alguna parte de los elementos nerviosos que no es destruida por completo. En
caso de lesión cerebral, son conocidas la frecuencia y duración de la hemiplejía motriz,
mientras que la hemianestesia concomitante es indistinta ' fugaz, y no en todos los casos se
presenta. Sólo algunas localizaciones totalmente especiales son capaces de producir una
afección de la sensibilidad intensa y duradera (encrucijada sensitiva), y aun este hecho no está
exento de duda.
Este comportamiento de la sensibilidad, diferente en las lesiones orgánicas y en la histeria, nos
resulta hoy inexplicable. He ahí, al parecer, un problema cuya solución nos aclararía la
naturaleza íntima de las cosas.
Otro punto que me parece digno de ser apuntado es que algunas formas de parálisis cerebral
no se encuentran en la histeria, lo mismo que sucede con las parálisis periferoes-pinales de
proyección. Es preciso citar en primer término la parálisis del facial inferior, manifestación esta
la más frecuente de una afección orgánica del cerebro y, si se me permite pasar por un
momento a las parálisis sensoriales, la hemianopsia lateral homónima. Sé que es casi arriesgar
una apuesta pretender afirmar que tal o cual síntoma no se encuentra en la histeria, cuando las
investigaciones de Charcot y sus discípulos descubren en ella, se diría que cotidianamente,
síntomas nuevos hasta entonces insospechados. Pero me veo precisado a tomar las cosas
como hoy están. La parálisis facial histérica es muy cuestionada por Charcot y, de creer a
quienes son partidarios de ella, es un fenómeno de gran rareza. La hemianopsia no se ha visto
todavía en la histeria, y yo pienso que nunca se la verá.
Ahora bien, ¿a qué se debe que las parálisis histéricas, no obstante simular ceñidamente las
parálisis corticales, diverjan de ellas por los rasgos distintivos que he tratado de enumerar, y a
qué carácter general de la representación especial será preciso referirlas? La respuesta a esta
cuestión contendría una buena parte, e importante, de la teoría de la neurosis.
III
No hay la menor duda acerca de las condiciones que dominan la sintomatología de la parálisis
cerebral. Son los hechos de la anatomía -la construcción del sistema nervioso, la distribución de
sus vasos- y la relación entre estas dos series de hechos y las circunstancias de la lesión.
Hemos dicho que el menor número de las fibras que van de la médula a la corteza por
comparación al número de las fibras que van de la periferia a la médula es la base de la
diferencia entre la parálisis de proyección y la de representación. De igual modo, cada detalle
clínico de la parálisis de representación puede hallar su explicación en un detalle de la
estructura cerebral y, viceversa, podemos deducir la construcción del cerebro a partir de los
caracteres clínicos de las parálisis. Creemos en un perfecto paralelismo entre esas dos series.
Así, si no existe una gran facilidad de disociación para la parálisis cerebral común, es porque las
fibras motrices de conducción están demasiado próximas entre sí en un largo tramo de su
trayecto intracerebral para que puedan ser lesionadas aisladamente, Si la parálisis cortical
muestra más tendencia a las monoplejías, es porque el diámetro de los haces conductores:
braquial, crural, cte., va creciendo hasta la corteza. Si de todas las parálisis corticales la de la
mano es la más compleja, ello se debe, creemos, al hecho de que la relación cruzada entre el
hemisferio y la periferia es más exclusiva para la mano que para cualquier otra parte del cuerpo.
Si el segmento distal de una extremidad sufre más la parálisis que el segmento proximal,
suponemos que las fibras representativas del segmento distal son mucho más numerosas que
53
las del segmento proximal, de suerte que la influencia cortical se vuelve más importante para el
primero de lo que lo es para el segundo. Si lesiones algo extensas de la corteza no alcanzan a
producir monoplejías puras, inferimos que los centros motores sobre la corteza no están
separados netamente entre sí por territorios neutros, o que existen acciones a distancia
(Fernwirkungen) que anularían el efecto de una separación exacta de los centros.
Análogamente, si en la afasia orgánica hay siempre una mezcla de perturbaciones de diversas
funciones, ello es así porque ramas de la misma arteria nutren a todos los centros del lenguaje
o, si se acepta la opinión enunciada en mi estudio crítico sobre la afasia(180) porque no se trata
de centros separados, sino de un territorio continuo de asociación. En todos los casos existe
una razón derivada de la anatomía.
Las notables asociaciones que tan a menudo se observan en la clínica de las parálisis
corticales (afasia motriz y hemiplejía derecha, alexia y hemianopsia derecha) se explican por la
vecindad entre los centros lesionados. Aun la hemianopsia, síntoma asaz curioso y extraño para
el espíritu no científico, no se comprende sino por el entrecruzamiento de las fibras del nervio
óptico dentro del quiasma; es su expresión clínica, como todos los detalles de las parálisis
cerebrales son la expresión clínica de un hecho anatómico.
Puesto que sólo puede haber una sola anatomía cerebral verdadera, y puesto que ella se
expresa en los caracteres clínicos de las parálisis cerebrales, es evidentemente imposible que
esta anatomía pueda explicar los rasgos distintivos de la parálisis histérica. Por esta razón no
es lícito extraer, respecto de la anatomía cerebral, conclusiones basadas sobre la
sintomatología de estas parálisis.
Para obtener esta difícil explicación es preciso atender por cierto a la naturaleza de la lesión. En
las parálisis orgánicas, la naturaleza de la lesión desempeña un papel secundario; más bien
son su extensión y su localización las que, en las condiciones estructurales dadas del sistema
nervioso, producen los caracteres de la parálisis orgánica que hemos registrado. ¿Cuál podría
ser la naturaleza de la lesión en la parálisis histérica, que por sí sola domina la situación, con
independencia de la localización, de la extensión de la lesión y de la anatomía del sistema
nervioso?
Charcot nos ha enseñado que muy a menudo ella es una lesión cortical, pero puramente
dinámica o funcional. He ahí una tesis cuyo lado negativo se comprende bien: equivale a afirmar
que en la autopsia no se hallarán cambios tisulares apreciables. Pero desde un punto de vista
más positivo, su interpretación no está en modo alguno libre de equívocos.
En efecto, ¿qué es una lesión dinámica? Estoy bien seguro de que muchos de los que leen las
obras de Charcot creen que la lesión dinámica es una lesión de la que ya no se encuentra la
huella en el cadáver, como un edema, una anemia, una hiperemia activa. Pero, aunque no
persistan necesariamente tras la muerte, aunque sean leves y fugaces, esas son genuinas
lesiones orgánicas. Es necesario que las parálisis producidas por las lesiones de este orden
compartan en un todo los caracteres de la parálisis orgánica. El edema, la anemia, no podrían
producir la disociación y la intensidad de las parálisis histéricas, como tampoco pueden hacerlo
la hemorragia y el ablandamiento. La única diferencia sería que la parálisis por el edema, por la
constricción vascular, etc., debe ser menos duradera que la parálisis por destrucción del tejido
nervioso. Todas las otras condiciones les son comunes, y la anatomía del sistema nervioso
determinará las propiedades de la parálisis tanto en el caso de anemia fugaz cuanto en el caso
de anemia permanente y definitiva.
No creo que estas puntualizaciones sean enteramente gratuitas. Si uno lee que «debe existir
una lesión histérica» en tal o cual centro, el mismo cuya lesión orgánica produciría el síndrome
orgánico correspondiente; y si uno recuerda que está habituado a localizar la lesión histérica
dinámica de la misma manera que la lesión orgánica, se ve llevado a creer que bajo la
expresión «lesión dinámica» se esconde la idea de una lesión como el edema o la anemia, que,
en verdad, son afecciones orgánicas pasajeras. Yo afirmo, por el contrario, que la lesión de las
parálisis histéricas debe ser por completo independiente de la anatomía del sistema nervioso,
puesto que la histeria se comporta en sus parálisis y otras manifestaciones como si la
anatomía no existiera, o como si no tuviera noticia alguna de ella. ver nota(181)
Buen número de los caracteres de las parálisis histéricas justifican en verdad esta afirmación.
La histeria es ignorante de la distribución de los nervios, y por ello no simula las parálisis
perifero-espinales o de proyección; no tiene noticia del quiasma de los nervios ópticos, y en
consecuencia no produce la hemianopsia. Toma los órganos en el sentido vulgar, popular, del
nombre que llevan: la pierna es la pierna, hasta la inserción de la cadera; el brazo es la
extremidad superior tal como se dibuja bajo los vestidos. No hay razón para reunir parálisis del
brazo y parálisis de la cara. La histérica que no sabe hablar carece de motivo para olvidar su
comprensión de la lengua, puesto que afasia motriz y sordera verbal no tienen ningún
parentesco según la noción popular, etc. Yo no puedo menos que adherir plenamente en este
punto a las concepciones que Janet ha formulado en los últimos números de Archives de
Neurologie; las parálisis histéricas constituyen la prueba de ello, lo mismo que las anestesias y
los síntomas psíquicos,
IV
Intentaré, por último, desarrollar cómo podría ser la lesión que es causa de las parálisis
histéricas. No afirmo que mostraré cómo es de hecho; se trata solamente de indicar la línea de
pensamiento que puede conducir a una concepción que no contradiga las propiedades de la
parálisis histérica, en lo que ella difiere de la parálisis orgánica cerebral.
Tomaré la expresión «lesión funcional o dinámica» en su sentido propio de «alteración de
función o de dinamismo», alteración de una propiedad funcional. Una alteración así sería, por
ejemplo, una disminución de la excitabilidad o de una cualidad fisiológica que en el estado
normal permanece constante o varía dentro de límites determinados.
54
Pero, se me dirá, no otra cosa es la alteración funcional; no es más que otro aspecto de la
alteración orgánica. Supongamos que el tejido nervioso se encuentre en un estado de anemia
pasajera: su excitabilidad se verá disminuida por esta circunstancia. No se puede evitar
considerar las lesiones orgánicas mediante ese expediente.
Procuraré mostrar que puede existir una alteración funcional sin lesión orgánica concomitante,
al menos sin lesión grosera palpable, aun mediando el análisis más delicado. En otros términos,
daré un ejemplo apropiado de una alteración funcional primitiva; para ello no pido más que se
me permita pasar al terreno de la psicología, ineludible cuando uno se ocupa de la histeria.
Afirmo, con Janet, que es la concepción trivial, popular, de los órganos y del cuerpo en general
la que está en juego en las parálisis histéricas, así como en las anestesias, etc. Esta
concepción no se funda en un conocimiento ahondado de la anatomía nerviosa, sino en
nuestras percepciones táctiles y, sobre todo, visuales. Si es ella la que determina los caracteres
de la parálisis histérica, es evidente que esta última debe mostrarse ignorante e independiente
de toda noción sobre la anatomía del sistema nervioso. La lesión de la parálisis histérica será,
entonces, una alteración de la concepción {representación}; de la idea de brazo, por ejemplo.
Pero, ¿de qué índole es esta alteración para producir la parálisis?
Considerada psicológicamente, la parálisis del brazo consiste en el hecho de que la concepción
del brazo no puede entrar en asociación con las otras ideas que constituyen al yo del cual el
cuerpo del individuo forma una parte importante. La lesión sería entonces la abolición de la
accesibilidad asociativa de la concepción del brazo. Este se comporta como si no existiera para
el juego de las asociaciones. Es indudable que si las condiciones materiales correspondientes a
la concepción del brazo están profundamente alteradas, también se habrá perdido esa
concepción; pero he de mostrar que puede ser inasequible sin estar destruida y sin que esté
dañado su sustrato material (el tejido nervioso de la pertinente región cortical).
Empezaré con ejemplos tomados de la vida social. Cuentan la cómica historia de un súbdito
real que no quería lavar su mano porque su soberano la había tocado. El nexo de esta mano
con la idea del rey parece tan importante para la vida psíquica del individuo, que él se rehusa a
hacer entrar esa mano en otras relaciones. A la misma impulsión obedecemos si rompemos el
vaso en que bebimos a la salud de los recién casados; cuando las tribus salvajes antiguas
quemaban, junto con el cadáver del jefe muerto, su caballo, sus armas y aun sus mujeres,
obedecían a esta idea: nadie debía tocarlas luego de él. El motivo de todas estas acciones es
harto claro. El valor afectivo que atribuimos a la primera asociación de un objeto repugna
hacerlo entrar en asociación nueva con otro objeto y, a consecuencia de ello, vuelve inaccesible
a la asociación la idea de ese [primer] objeto. ver nota(182)
No es una simple comparación; el fenómeno es casi idéntico en el campo de la psicología de
las concepciones. Si la concepción del brazo está envuelta en una asociación de gran valor
afectivo, será inaccesible al libre juego de las otras asociaciones. El brazo estará paralizado en
proporción a la persistencia de este valor afectivo o a su disminución por medios psíquicos
apropiados. He ahí la solución del problema que nos hemos planteado, pues en todos los casos
de parálisis histérica uno halla que el órgano paralizado o la función abolida están envueltos en
una asociación subconciente(183) provista de un gran valor afectivo, y se puede mostrar que el
brazo se libera tan pronto como ese valor afectivo se borra. Por tanto, la concepción del brazo
existe en el sustrato material, pero no es accesible para las asociaciones e impulsiones
concientes porque toda su afinidad asociativa, por así decir, está saturada en una asociación
subconciente con el recuerdo del suceso, del trauma, productor de esa parálisis. ver nota(184)
Fue Charcot el primero que nos enseñó que es preciso dirigirse a la psicología para dar con la
explicación de la neurosis histérica. Breuer y yo hemos seguido su ejemplo en una
comunicación preliminar «Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos(185)». En ella
demostramos que los síntomas permanentes de la histeria llamada «no traumática» se explican
(salvo los estigmas(186)) por el mismo mecanismo que Charcot reconoció en las parálisis
traumáticas. Pero también ofrecemos la razón por la cual esos síntomas persisten y pueden
ser curados mediante un procedimiento especial de psicoterapia hipnótica. Cada suceso, cada
impresión psíquica están provistos de cierto valor afectivo (Aflektbetrag {monto de afecto(187)})
del que el yo se libra por la vía de una reacción motriz o por un trabajo psíquico asociativo. Si el
individuo no puede o no quiere tramitar el excedente, el recuerdo de esta impresión adquiere la
importancia de un trauma y deviene la causa de síntomas permanentes de histeria. La
imposibilidad de la eliminación es notoria cuando la impresión permanece en el subconciente.
Hemos llamado a esta teoría «Das Abreagieren der Reizzuwächse» {«La abreacción de los
aumentos de estímulo»} ver nota
(188)
En resumen, pienso que concuerda bien con nuestra visión general sobre la histeria, tal como
hemos podido formarla siguiendo las enseñanzas de Charcot, que la lesión en las parálisis
histéricas no consista en otra cosa que en la inaccesibilidad de la- concepción del órgano o de
la función para las asociaciones del yo conciente, que esta alteración puramente funcional (con
integridad de la concepción misma) esté causada por la fijación(189) de dicha concepción en
una asociación subconciente con el recuerdo del trauma, y que esta concepción no devenga
libre y accesible hasta que el valor afectivo del trauma psíquico no haya sido eliminado por la
reacción motriz adecuada o por el trabajo psíquico conciente. Pero aun si no opera ese
mecanismo, aun si para la parálisis histérica hace falta siempre una idea autosugestiva directa,
como en los casos traumáticos de Charcot, habremos logrado demostrar de qué naturaleza
debería ser la lesión, o más bien la alteración, en la parálisis histérica, para explicar sus
diferencias con la parálisis orgánica cerebral.
55
lunes, 4 de enero de 2010
Grupo de Estudio
Introducción al Psicoanálisis
Freud - Lacan
Coordinacion:
Lic. Bárbara Salzman
Ø recorrido por los textos fundamentales de Freud y Lacan.
Ø Herramientas y ejes basicos para leer la obra de estos autores
Ø aportes de otros autores: Hegel, Levi
Strauss, etc.
Ø Debates grupales
Ø Abordaje de las problematicas del psicoanalisis y su lectura
*No se requieren conocimientos específicos previos.
*Bibliografía en formato clasico y digital .
*Frecuencia semanal. (clases de 1.30 hs)
Comienza en abril 2010
*Arancel: $80 por mes.
Lugar: Avellaneda ( frente a UBA)
Consultas e inscripción:
4205-6627 / 1540845557
Blog: http://www.grupopsicoanalisis.blogspot.com/ ( figuran los principales temas a recorrer en el grupo)
Correo elecronico:
barbarasal@hotmail.com
Introducción al Psicoanálisis
Freud - Lacan
Coordinacion:
Lic. Bárbara Salzman
Ø recorrido por los textos fundamentales de Freud y Lacan.
Ø Herramientas y ejes basicos para leer la obra de estos autores
Ø aportes de otros autores: Hegel, Levi
Strauss, etc.
Ø Debates grupales
Ø Abordaje de las problematicas del psicoanalisis y su lectura
*No se requieren conocimientos específicos previos.
*Bibliografía en formato clasico y digital .
*Frecuencia semanal. (clases de 1.30 hs)
Comienza en abril 2010
*Arancel: $80 por mes.
Lugar: Avellaneda ( frente a UBA)
Consultas e inscripción:
4205-6627 / 1540845557
Blog: http://www.grupopsicoanalisis.blogspot.com/ ( figuran los principales temas a recorrer en el grupo)
Correo elecronico:
barbarasal@hotmail.com
Suscribirse a:
Entradas (Atom)